¿Están los señuelos de vinilo matando a los black bass?

¿Están los señuelos de vinilo matando a los black bass? Puede sonar sorprendente, pero esta es la cuestión que se han planteado en EEUU y que sugiere un debate interesante.

Se trata de un tema ya antiguo pero recurrente. En el 2013, el estado de Maine consideró dos proyectos de ley: uno de ellos proponía prohibir los cebos de plástico blando (los comúnmente llamados vinilos); el otro pedía exigir anzuelos degradables para la pesca recreativa.


Los vinilos son un tipo de cebo muy popular, si no el más utilizado por su efectividad, versatilidad y bajo precio. No hay que decir que en gran parte de EEUU y en el estado de Maine en particular, la pesca deportiva y su industria tienen un peso enorme, por lo que este anuncio provocó un gran movimiento social e industrial al respecto, que resultó en miles de alegaciones al proyecto.

Tras esta respuesta, la administración pidió al Departamento de Pesca y Vida Silvestre de Maine un informe sobre los "efectos nocivos" de estos materiales de pesca. Así, se realizó una revisión de estudios sobre el contenido de black bass y otros peces deportivos entre 1985 y 2013, y se encontró que el contenido de materiales plásticos provenientes de señuelos o similares en el estómago de los peces iba desde un mínimo de un 0.4% a un máximo de un 5.2% de los peces muestreados.

En consecuencia, la administración decidió que la afección era mínima como para tomar una decisión tan drástica y finalmente no se aprobaron los proyectos legislativos en contra de los señuelos de vinilo. Sin embargo, sí que se decidió iniciar una campaña para mejorar la educación del pescador sobre cebos suaves y el uso y eliminación adecuados de todos los cebos.


Desde entonces, sigue la vigilancia y la presión de algunos sectores sobre este y otros temas relacionados con el impacto medioambiental y, en particular, de los cebos y aparejos de pesca deportiva. Por ejemplo, en algunos países se han prohibido los plomos de un tamaño menor a unas medidas concretas.


¿Qué se puede hacer?
Las cifras de afección, según los estudios, son pequeñas, pero no cabe duda de que esos cientos, miles de señuelos que se pierden temporada tras temporada acaban en algunos casos tragados por el black bass y otros peces. Ante esto, la primera y más importante actuación solo puede caer en el lado de los pescadores. Hay señuelos imposibles de recuperar, pero muchos otros, aquellos destrozados por picadas o bien aquellos que nos encontramos, ya desgastados, que el agua ha arrastrado hasta la orilla, deben ser recogidos y guardados en la mochila para ser reciclados posteriormente. Por cierto, lo mismo se puede aplicar a hilos, plomos, anzuelos, y otros materiales.


Aunque es el pescador el que debe llevar a cabo esta acción, desde las administraciones deberían hacer campañas para informar sobre este impacto y concienciar a los aficionados. Desde luego, estas comunicaciones deberían encuadrarse en campañas más amplias que informen sobre otras muchas cuestiones, como el captura y suelta o cómo manejar correctamente a un pez para evitarle daños.

La responsabilidad cae también del lado de la industria de la pesca recreativa. En este escenario, no son pocas las empresas diseñadores de señuelos que están empleando materiales biodegradables y menos agresivos para su fabricación. Esta puede ser una oportunidad para subirse al tren de los nuevos tiempos y adelantarse a legislaciones restrictivas, apostando por una pesca más ecológica y que respete un poco más a los protagonistas de todo esto, los peces.

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